
Desde su nacimiento, la televisión ha sido considerada como uno de los medios donde con más fuerza se daba la educación informal, entendiendo ésta como la educación no reglada pero sí intencionada.
Yo, que ya tengo unos años, aún recuerdo mis tardes después del colegio viendo “Barrio Sésamo”, seguido de “3,2,1 contacto” o “El planeta imaginario”; por supuesto, no puedo dejar de nombrar a ese programa, que hoy sería considerado políticamente incorrecto, que era “La bola de cristal”, dominado por personajes de la cultura de la movida madrileña de los años 80, y que tanto supuso para los que ahora tenemos entre 30 y 35 años.
Sin embargo, vemos como actualmente los contenidos educativos brillan por su ausencia en la televisión, sólo hay que ver las parrillas de las principales cadenas de nuestro país, aunque, no por eso, dejen de intentar educarnos, intencionadamente o no, de manera mucho más ladina u oculta. A la televisión también ha llegado la mentalidad neoliberal (cómo a casi todo) y lo importante son las audiencias y el dinero que estas producen, no ser un servicio público. Además, como medio de masas que es, se ha utilizado y aún sigue utilizándose, como instrumento para presentar realidades sesgadas y partidistas, siempre alentadas desde determinados grupos de poder.
Hay que tener en cuenta, además, que este medio permite recibir estímulos de muy distinto tipo sin tener que esforzarnos, se da todo “mascado”, algo que también está influyendo y esta cambiando la forma de pensar y actuar, no sólo de los más jóvenes, sino de toda una sociedad. Lo importante es la inmediatez no la construcción, la simple recepción sensitiva antes que el trabajo mental.
Por otra parte, se produce un choque frontal, la gran mayoría de las veces, entre lo que nuestros jóvenes ven en la pequeña pantalla y lo que desde la educación formal (o no formal) y las familias se les intenta transmitir: ¿para que necesito esforzarme y formarme, si puedo obtener más frutos económicos y de manera más rápida haciéndome famoso? ¿Para qué la resolución pacífica de conflictos y el saber respetar al otro si el que gana es el que más grita y menos oye? ¿Para qué los valores que día a día se destrozan y se venden públicamente? ¿No es mejor tener todo lo que se anuncia que pensar en lo que necesito?
No podemos olvidar que la televisión es un importante agente de socialización, así como una de las principales fuentes de conocimiento y de autoridad en las sociedades occidentales. Tampoco podemos olvidar la importancia, que en el sentido en que hablamos, tiene el aprendizaje vicario de Bandura y como influyen los modelos tan fuertes y atractivos que presenta este medio, y sobre todo lo que representan. Tampoco podemos olvidar no sólo consumen los programas que están pensados especialmente para ellos sino que también son asiduos televidentes de programas dirigidos a públicos adultos, muchos de éstos fuera del horario de protección al menor. A todo esto, hay que tener en cuenta que los docentes nunca podremos competir con esa máquina mediática, no somos modelos sociales atractivos, nuestro alumnado convive durante horas con ella, incluso la tienen encendida sin verla, conectarla es un acto automático, necesitan su sonido de fondo.
Esto nos lleva al papel de las familias en el aspecto que estamos tratando, son los padres los que deben racionar, elegir y, más que eso, enseñar a elegir a sus hijos e hijas sobre qué contenidos son adecuados y cuáles no lo son; es nuestro deber no abandonarlos delante de la televisión a que “se traguen” cualquier cosa, aunque eso sea lo más fácil después de llegar a casa tras una dura jornada de trabajo y no tener que escuchar protestas y soportar peleas. Así, numerosas investigaciones desarrolladas a partir de los años 60, indican que el contexto social, familiar y económico en los que se encuentran inmersos los pequeños televidentes es decisivo a la hora de valorar los efectos de la exposición frente al televisor. En este sentido la televisión actúa más reforzando tendencias y supliendo carencias que como una fuente de cambios de actitudes y comportamientos.
En este caso, los centros educativos poca o ninguna ayuda puede prestar, sólo fomentar la crítica y reflexión sobre los modelos presentados por la televisión, y potenciar aquellos modelos que han triunfado gracias a su constancia y tenacidad, aunque todo este trabajo es bastante en realidad.
Por último, considero fundamental que aquellos que nos gobiernan obliguen a las cadenas a rellenar la franja en la que los pequeños y adolescentes ven la televisión con programas verdaderamente educativos, y no con programas de testimonios, series de asesinatos, etc., ya que de esta manera estaremos potenciando que el medio televisivo eduque en el mismo sentido que lo intenta el sistema educativo. Todos deben aportar su granito de arena para conseguir generaciones futuras mejores.
¿No es eso lo que llamamos esfuerzo compartido?
Algunos enlaces para leer, pensar y saber más:
Aprende a ver tele – RTVE
La educación en la televisión: hacia una necesaria integración
Informe sobre educación y televisión
La televisión generadora de un nuevo espacio educativo
Educación y televisión: una contradicción
Yo, que ya tengo unos años, aún recuerdo mis tardes después del colegio viendo “Barrio Sésamo”, seguido de “3,2,1 contacto” o “El planeta imaginario”; por supuesto, no puedo dejar de nombrar a ese programa, que hoy sería considerado políticamente incorrecto, que era “La bola de cristal”, dominado por personajes de la cultura de la movida madrileña de los años 80, y que tanto supuso para los que ahora tenemos entre 30 y 35 años.
Sin embargo, vemos como actualmente los contenidos educativos brillan por su ausencia en la televisión, sólo hay que ver las parrillas de las principales cadenas de nuestro país, aunque, no por eso, dejen de intentar educarnos, intencionadamente o no, de manera mucho más ladina u oculta. A la televisión también ha llegado la mentalidad neoliberal (cómo a casi todo) y lo importante son las audiencias y el dinero que estas producen, no ser un servicio público. Además, como medio de masas que es, se ha utilizado y aún sigue utilizándose, como instrumento para presentar realidades sesgadas y partidistas, siempre alentadas desde determinados grupos de poder.
Hay que tener en cuenta, además, que este medio permite recibir estímulos de muy distinto tipo sin tener que esforzarnos, se da todo “mascado”, algo que también está influyendo y esta cambiando la forma de pensar y actuar, no sólo de los más jóvenes, sino de toda una sociedad. Lo importante es la inmediatez no la construcción, la simple recepción sensitiva antes que el trabajo mental.
Por otra parte, se produce un choque frontal, la gran mayoría de las veces, entre lo que nuestros jóvenes ven en la pequeña pantalla y lo que desde la educación formal (o no formal) y las familias se les intenta transmitir: ¿para que necesito esforzarme y formarme, si puedo obtener más frutos económicos y de manera más rápida haciéndome famoso? ¿Para qué la resolución pacífica de conflictos y el saber respetar al otro si el que gana es el que más grita y menos oye? ¿Para qué los valores que día a día se destrozan y se venden públicamente? ¿No es mejor tener todo lo que se anuncia que pensar en lo que necesito?
No podemos olvidar que la televisión es un importante agente de socialización, así como una de las principales fuentes de conocimiento y de autoridad en las sociedades occidentales. Tampoco podemos olvidar la importancia, que en el sentido en que hablamos, tiene el aprendizaje vicario de Bandura y como influyen los modelos tan fuertes y atractivos que presenta este medio, y sobre todo lo que representan. Tampoco podemos olvidar no sólo consumen los programas que están pensados especialmente para ellos sino que también son asiduos televidentes de programas dirigidos a públicos adultos, muchos de éstos fuera del horario de protección al menor. A todo esto, hay que tener en cuenta que los docentes nunca podremos competir con esa máquina mediática, no somos modelos sociales atractivos, nuestro alumnado convive durante horas con ella, incluso la tienen encendida sin verla, conectarla es un acto automático, necesitan su sonido de fondo.
Esto nos lleva al papel de las familias en el aspecto que estamos tratando, son los padres los que deben racionar, elegir y, más que eso, enseñar a elegir a sus hijos e hijas sobre qué contenidos son adecuados y cuáles no lo son; es nuestro deber no abandonarlos delante de la televisión a que “se traguen” cualquier cosa, aunque eso sea lo más fácil después de llegar a casa tras una dura jornada de trabajo y no tener que escuchar protestas y soportar peleas. Así, numerosas investigaciones desarrolladas a partir de los años 60, indican que el contexto social, familiar y económico en los que se encuentran inmersos los pequeños televidentes es decisivo a la hora de valorar los efectos de la exposición frente al televisor. En este sentido la televisión actúa más reforzando tendencias y supliendo carencias que como una fuente de cambios de actitudes y comportamientos.
En este caso, los centros educativos poca o ninguna ayuda puede prestar, sólo fomentar la crítica y reflexión sobre los modelos presentados por la televisión, y potenciar aquellos modelos que han triunfado gracias a su constancia y tenacidad, aunque todo este trabajo es bastante en realidad.
Por último, considero fundamental que aquellos que nos gobiernan obliguen a las cadenas a rellenar la franja en la que los pequeños y adolescentes ven la televisión con programas verdaderamente educativos, y no con programas de testimonios, series de asesinatos, etc., ya que de esta manera estaremos potenciando que el medio televisivo eduque en el mismo sentido que lo intenta el sistema educativo. Todos deben aportar su granito de arena para conseguir generaciones futuras mejores.
¿No es eso lo que llamamos esfuerzo compartido?
Algunos enlaces para leer, pensar y saber más:
Aprende a ver tele – RTVE
La educación en la televisión: hacia una necesaria integración
Informe sobre educación y televisión
La televisión generadora de un nuevo espacio educativo
Educación y televisión: una contradicción




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